GROSERÍA PROGRAMADA, PROMOVIDA Y REMUNERADA

Está bien que se disparen las alarmas ante la vulgaridad reiterada y extrema, y a menudo vendida y comprada como si fuera arte. Pero no se debe poner el grito en el cielo únicamente cuando un supuesto “concierto” y alguien que se presenta como cantante o músico sobrepasan todos los límites. El mal pulula en las calles, en los medios de transporte, en los mercados, en los espacios públicos en general, y hay indicios de que se manifiesta incluso en escuelas, y quién sabe en cuántas familias. Es algo que se debe enfrentar, combatir, erradicar.

Sin ánimo exhaustivo ni mucho rigor conceptual, cabe hacer algunas observaciones someras:

1/ Ese no es un fenómeno nuevo, sino expresión de una descomposición social y (anti)cultural en marcha y exitosa, y de años. Y, si es barbarie, no puede ser simpática.

2/ No es un mal ajeno a los planes imperialistas de minarlo todo para dejar sin buenos valores a la población y facilitar el triunfo de nuestros enemigos. Eso se sabe, y está documentado.

2/ Urge ver qué instituciones están detrás de la tolerancia a la grosería, y hasta del negocio con ese cáncer, no para hacer reclamaciones y comentarios agudos, sabios y elegantes, sino para tomar con ellas —sean o no sean de carácter estatal— las medidas pertinentes, sanciones incluidas. El país es uno solo, y su legalidad también debe serlo.

3/ Mucho se ha jugado a complacer a la marginalidad con falsos argumentos de democratismo, populistas en el peor sentido. Al pueblo se le debe dar lo mejor, aunque haya en él quienes disfruten la bazofia.

4/ La educación a todos los niveles tiene mucho que hacer.  Y la represión justa, legal y debidamente regulada también.

5/ La Constitución y las leyes no están ahí para burlarse de ellas, sino para defenderlas y hacer que se cumplan. Y hay quienes (instituciones, individuos) tienen responsabilidades concretas en esa tarea. No todo vale dejarlo a la espontaneidad ni confiarlo a una noción indiferenciada o amorfa de pueblo.

Nota irrelevante: No es la primera vez que quien esto escribe ha tratado el tema: lo ha tratado numerosas veces a lo largo de años. Y tampoco es el único que lo ha tratado. Pero todo lo hecho parece haber servido de poco, de muy poco, y lo que se decide es de la mayor seriedad.

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