FSNL

El gorrión es un ave común, paseiforme. Es decir, de pequeño tamaño, alas bien desarrolladas y patas provistas de cuatro dedos. Está adaptado al hábitat urbano hasta el punto de ser el pájaro más frecuente y conocido en esas áreas.

Sin embargo, al Gorrión que me refiero en estas líneas nada tiene que ver con las aves. Se trata de un hombre, como se dice, de carne y hueso. Combatiente del entonces Ejército Popular Sandinista, a quien conocí en Nicaragua, a principios de 1983. Allí me desempeñaba como corresponsal de guerra, enviado por la revista Verde Olivo.

El país se encontraba en plena lucha contra las bandas somocistas que sembraban el terror para revertir el proceso revolucionario en ese país centroamericano.

Un hecho preliminar antes de dialogar con el Gorrión consistió en que el colega José Dos Santos, también en esas funciones periodísticas, había llevado consigo un binocular común. No obstante su sencillez, el Gorrión lo pidió en préstamo a Dos Santos ese objeto y el mismo fue suficiente para descubrir un grupo enemigo que se acercaba y que recibió una contundente respuesta de fuego.

Bajo un frondoso árbol, en el corazón de Las Segovias, comencé la conversación con el Gorrión. Mestizo, de baja estatura y de fuerte complexión física. Carácter recio, fomentado en el combate al régimen somocista en el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Pero también campechano, jovial y extrovertido. Muchos decían que parecía cubano.

Regresaba de la acción combativa, donde desempeñó un efectivo papel el binocular de Dos Santos. Aún el cañón de su fusil AKM se encontraba caliente cuando me comentó del hecho.

Compa, los cachimbeamos duro. Cuando les hicimos fuego, salieron soltando el c..  Jajaja, mis chavalos se batieron bien. Es que estos bandidos no nos quieren dejar tranquilos y el Gorrión tuvo que volver a las montañas…

Ya era de mi conocimiento que había combatido en el FSLN y le pregunté qué le motivó por entonces a incorporarse a la lucha contra los  Somoza. No pensé encontrar esta respuesta.

Compa, una vez pasé por una vidriera de Managua y allí había como una suela de neumático con unas tiras y decían que esos eran los zapatos que se daban en Cuba. Me dije que eso no podía ser. Además, Somoza había prohibido escuchar la radio cubana. Pero eso me tentó a oír a Radio Habana Cuba y en sus informaciones políticas dando a conocer la situación en algunos países del mundo, similar a la que había aquí, dije hay que luchar y me incorporé al Frente. Radio Habana Cuba me hizo revolucionario.

Al hacer esa declaración, el colega Orlando Castellanos, quien integraba el grupo de corresponsales cubanos y era de esa emisora, se subió los espejuelos y tuvo una amplia y silenciosa sonrisa de satisfacción, Dos Santos asentía, Juan Luis Aguilera, mi hermano verdolivero, oprimía una y otra vez el obturador de su cámara, mientras mi corazón latía de alegría al saber que la prensa cubana creaba conciencia más allá de nuestras fronteras.

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