Conjurar el riesgo de un retroceso cultural en Cuba

Desde 1959, la Revolución cubana definió como prioridad el desarrollo de la cultura del pueblo. La campaña masiva y popular desarrollada en 1961 sirvió para alfabetizar a un millón de analfabetos y el gratuito y universal sistema docente nacido entonces multiplicó los planteles educativos por todo el país.

Millones de valiosos libros de la literatura universal y de la cubana, se ofrecieron al pueblo con precios muy bajos. Otros ejemplos de lo anterior fueron la creación del Instituto de la Industria y el Arte Cinematográfico (ICAIC), y la Casa de las Américas; también las Casas de la Cultura en las comunidades y un amplísimo sistema de escuelas de arte en todos los niveles.

Fue entronizada la idea de que la socialista tiene que ser una sociedad con igualdades sociales y Económicas, con un cómodo nivel de vida. De igual modo se asumió que la edificación del socialismo requiere que la mayoría del pueblo posea una cultura integral y una sensible apreciación artística literaria, acompañada de una conciencia crítica socialista. Es en esta compleja subjetividad donde radica la guía del actuar y de la conducta a seguir por los seres humanos.

Aunque las instituciones culturales cubanas y las diversas expresiones artísticas y literarias se desenvuelven y avanzan de manera sólida, analistas cubanos observan preocupados la progresiva regresión que ocurre en la cultura de masas, atribuida, entre otros factores principales, a la creciente masividad de Internet y las redes sociales, mediante las cuales los adolescentes y jóvenes cubanos leen cada vez menos libros.

Son pocos los programas de la TV que ellos aprecian, no son asiduos a la prensa diaria, a la radio, ni ir a las salas de cine. Una gran mayoría de nuestros estudiantes ya no estudian por los libros de texto: los han sustituido por las notas que apuntan en clase o por copias de internet.

El mundo real es sacudido por una creciente virtualidad debido a la inteligencia artificial (IA) y a cierto uso desvirtuador de sus propósitos originales. Por ello, los seres humanos poco a poco dejan de socializar e intimar personalmente para sumergirse, a veces adictivamente, en un ignoto universo virtual que los separa y enajena.

Este fenómeno universal, lo está transformando todo y provocará un impredecible y peligroso cambio civilizatorio.

La revolución digital es indetenible e indispensable, nos abre prodigiosas posibilidades de desarrollo en todos los campos. Ella podrá ser una bendición o la arribada de un apocalipsis bíblico, dependiendo de quienes la usen y cómo lo hagan.

No son pocos quienes aseguran que los adolescentes y jóvenes cubanos leen más, pero que lo hacen a través de sus teléfonos inteligentes. La pregunta que debemos hacernos es ¿qué es lo que leen?

La inmensa mayoría de las informaciones que reciben son de carácter simplón y puntual, sin valoraciones, con mensajes atractivos, emotivos y también embusteros. Esa tesis de que los jóvenes cubanos leen más que antes, sin evaluar lo que leen, es insensata y peligrosamente engañosa.

El Gobierno de Estados Unidos, con su hegemonía en los medios y el dominio de Internet y las redes sociales, intenta con crecientes éxitos idiotizar a los jóvenes del mundo y crear seres ignorantes, sin pensamiento crítico. Invisibiliza a su favor a las antagónicas clases sociales, ya que necesita seres humanos despolitizados, impasibles a las rebeldías sociales.

Para ellos es prioritario lograr adictos al consumismo irracional y al dinero. En las redes sociales las plataformas digitales hegemónicas usan cada vez más las cuentas y noticias falsas, los mensajes de odio y violencia para amedrentar a los que no piensen como ellos y polarizar a los pueblos.

La cultura y las identidades nacionales están siendo sustituidas rápidamente por la seudo cultura del imperio.

De manera especial el gobierno de EE.UU., ejecuta una abrumadora y cruel guerra económica y cognitiva contra Cuba, pretende a través de Internet y las redes sociales lograr que los adolescentes y jóvenes cubanos rechacen a la Revolución Socialista, a su Patria y pierdan su identidad cultural.

Soy de los que cree que el libro sigue siendo la base principal de la pirámide de la cultura integral y del pensamiento racional. Todas las manifestaciones artísticas y profesionales, la cultura política, económica y científica, se sustentan en el libro.

Hoy me duele hondamente que haya jóvenes cubanos que no conozcan a los nacionales Alejo Carpentier, Nicolás Guillen o Lezama Lima. Y qué decir de las obras de Julio Verne, Jack London, y otros grandes escritores que de jóvenes contribuyeron a formarnos.

Creo que ese asombroso, e impenetrable acontecer que arrolladoramente se nos viene encima debe ser estudiado en sus tendencias con la ayuda de las Ciencias, principalmente de las Sociales, para que los decisores puedan desarrollar las políticas que sean necesarias. Logremos que nuestro potencialmente poderoso sistema social socialista, con sus desarrolladas capacidades científicas alcanzadas e instituciones culturales, los medios de comunicación al servicio de la verdad y, en especial, el sistema público docente, aunque todavía con mucho que desarrollar, nos permitan unificar todas las fuerzas y factores revolucionarios de la sociedad para actuar en el restablecimiento de una verdadera cultura de masas.

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